Las atenciones que hemos tenido con los nuestros jamás serán recompensadas.
No existe la caridad, tan solo el egoísmo e indiferencia.
Se puede herir más con unas palabras que con hechos aún así, no hay duda
que se pueden tener nuevas fuerzas para volver a comenzar de nuevo.
El presente irrespetuoso hacia los demás, puede volverse contra uno mismo cuando
ya se ha perdido por completo el respeto.
La simplicidad de unas bonitas caricias pueden volverse frías si no se cuidan
y miman día a día.
El significado eterno del cariño se va sin saber el como, ni el porque ha venido
a parar a nosotros sin buscarlo.
El amor es inmenso en felicidad y odioso en transparencias cuando se aleja
sin haberle hecho daño alguno.
Se recoge siempre lo que se siembra, aunque no nos demos cuenta en el mismo
instante en que decidimos marcharnos para siempre.
Después de un amor perecedero, puede surgir la indiferencia y el desamor e incluso,
la fortaleza de reconocer, que sensiblemente, nos hemos equivocado.
El egoísmo puede ser tan grande en el ser humano, que no nos duele ni tan siquiera dañar
a los seres que más hemos querido y amado. Insensato “egoísmo”.
La lucidez puede volver con más fuerza cuando dejamos a alguien a quien
creíamos amar eternamente. Sus constantes desprecios se desvanecen en el
vacío del olvido.
Si la luz pudiera hablar, sus rayos podrían alcanzar de las extremidades más oscuras y ahora luminosas
por el exceso de voluntad, por querer volver a revivir inmensamente de nuevo.
Los fracasos sirven para aprender que en la vida, hay que aceptar situaciones
difíciles que pueden, a la larga, beneficiarnos por haberlas dejado ir.
Nunca derrames una lágrima sin ver la luz del sol. Ni llores amargamente
por una despedida oportuna (que sin tu saberlo), ha podido beneficiarte en tu nueva vida.
Solemos equivocarnos cuando pensamos que una despedida es triste.
En ocasiones, puede ser la salvación a muchos problemas, antes irremediables.
Autora:
M.Pruenra
-Llum-